Sóel Romero
20 21 22 23 años, Puebla, México. Nadador y estudiante de lingüística y literatura hispánica
  • Impresión de pantalla (iii)

  • "Estás enamorado… Alquilado hasta Agosto.
    Estás enamorado. Se ríe de tus sonetos.
    Tus amigos te dejan, estás insoportable.
    —Una tarde tu amor se decide a escribirte.

    y esa tarde… Regresas al café luminoso,
    vuelves a trasegar cerveza o limonada…
    Con diecisiete años no puedes ser formal,
    cuando los verdes tilos flaquean los paseos. “

    Arthur Rimbaud, 29 de Septiembre de 1870.

  • Compuesto por Felicia Morales
    Cello por Felicia Morales
    Piano por Marcos Meza.

    Grabado, mezclado y producido por Pablo Muñoz en Janeiros Estudios
    Ingeniero en sonido y producción adicional: Milton Mahan.
    Masterizado por Francisco Holzmann
    Arte y diseño por www.comunasunidas.com

    Quemasucabeza, Santiago de Chile, 2014.

    Septiembre 25 – 2 Notes
    #SoundCloud
    #quemasucabeza
    #Quemasucabeza
    #Felicia Morales
  • A) x B)

    a)

    Era difícil que saliera de casa sin hojear un diccionario, entrando en la universidad se le hizo costumbre hojear y memorizar un aproximado de cinco palabras, que iba repitiendo durante todo el transcurso del día, no por intelectualismo, le parecía divertida la cosa, sobre todo con los sustantivos, que se veían iluminados durante todo el día, sobresaliendo sobre el opaco paisaje gracias a su constante invocación. Cuando se encontraba palabras como tornillo o bisoñé se abrumaba con la cantidad infinita de objetos que sostenían al mundo. El problema era con los adjetivos y verbos, que le cambiaban el ánimo; a veces repetir resignarse, resignarse, resignarse todo el día lo regresaba a la cama con ganas de no volver a respirar.

     Odió aquel día en que visitó a sus padres con la carga de palabras de la s, sembrar, semejante, semejanza, semejar, semen. A penas se sentía parte de la familia, las visitas y reuniones en casa de los abuelos eran escasas, los primos lo trataban de desconocido, su propia madre incluso lo sentía apartado del rebaño. Y a él no le molestaba, le maravillaba sentirse lejano de la hermana que le preguntaba a la abuela si la gente bonita también iba al baño y del padre que apenas leía el periódico. Sin embargo ese día no puedo obviar los parecidos entre su propia sangre.

     Muchas veces atribuía características, prácticas o sentimientos a las personas que lo rodeaban sin que éstas los tuvieran, cuando se topaba con algún profesor por la universidad se estremecía y al acordarse del paquete diario que empezaba con la palabra caníbal.

     Al terminar la jornada llegaba a su departamento, se tiraba en el sillón a leer un libro donde algunas veces encontraba las palabras que había rumiado durante la mañana y tarde. Se preparaba una taza de café donde hundía su léxico, caía dormido con la ventana abierta.

    b)

    Todos los días subía al metro y se encontraba con el plano de éste enmarcado en una pared, la de siempre, con todas las líneas, colores y destinos, le parecía un buen punto de partida para delimitar esa cantidad abrumadora de dibujos que estaban fijos en su cabeza que marcaban recorridos que él había hecho a lo largo de sus recuerdos.

     Mientras trabajaba con vectores en sus diseños no evitaba relacionarlos con las imágenes que marcaban los recorridos que había hecho anteriormente. Cada paso que daba estaba registrado en un mapa mental, le agregaba una línea imaginaria más al globo terráqueo que recordaba haber visto en cuarto de primaria: una línea que recorría su paso por el mundo. Cuando trabajaba en la computadora y una tipografía le exigía mover uno de sus nodos, curvarlo, precipitarlo, recordaba una visita hecha hace una semana a su hermano que vivía cerca de San Lázaro , justo donde el recorrido del metro hacía un movimiento exactamente igual.  

     Le emocionaba la inmensidad de su línea imaginaria, aunque a veces se perdía en la obscuridad de los sitios que frecuentaba mucho, los que había pisado continuamente hasta que se llegaron a confundir todas las huellas.

     Pero él no sólo veía su propia línea, también la de muchos otros, amigos, familiares, que en algún momento llevaron de forma paralela su rastro.  

     Vivía en un mándala, que no solo era dibujado por los recorridos de las personas, sino por su relación entre ellas.

     Convertía a curvas su vida, le daba algo de sentido al tiempo y al trabajo diario. Al llegar a casa dormía poco, ese momento en su mapa él se convertía en una mancha de tinta palpitante que se extendía más entre menos movimiento había, que si seguía así durante mucho tiempo se difuminaría y perdería  forma.

    b)Ellos no se veían a menudo, él (a) comparaba cómo siempre veía a gente sin importancia en donde fuera, caras conocidas en la facultad, a mitad de las calles, en los corredores de algún mercado o biblioteca, pero no a él (b), que vivía kilómetros más lejos que la arboleda de la mitad de la autopista del norte. Siempre hablaban, todos los días, a veces sólo para despedirse, como si hubieran tenido una larga charla, siempre uno de ellos tenía que decir adiós, seguir con su vida, colgaban el teléfono con la sensación de su presencia lejana, con la idea inconsciente de que algún día estarían juntos más tiempo, aunque ese tiempo sería poco comparado con el pasado en casa de una tía o el tiempo en la escuela.

    Quizá en ese encuentro podrían besarse para matar el tiempo y recordar esa ocasión en que el tiempo no  importaba, rodeados de discos colgando de un hilo, comiéndose, evitando que él (b) le tocara la cadera (a), recordándose entre sí que podían controlar los efectos de la cerveza. Algo le  impedía (a) comprar el boleto de autobús e ir a visitarlo (b), antes era difícil porque era un chiquillo, casa de la madre, reglas de la madre, esas cosas, ahora vivía solo en un piso, ruinas de un famoso café clausurado y seguía sin ir, a veces eran las tareas o los gastos diarios y el boleto destinado para él (a) lo compraba alguien más y se iba en la dirección de la arboleda.

    Mientras esperaba (a) en la central de autobuses, ese día, en que él (b) se había cansado de esperar y había hecho el viaje, se dio cuenta (a) de que no eran esos los impedimentos, era la sensación de que sería poco el tiempo que duraría la visita y prefería no disfrutar la agonía.

    Estuvieron pisando las calles de la ciudad, él (b) ya las conocía, las tenía guardadas en curvas y líneas, se sentaron en el marco de alguna ventana, en silencio, sentían pasar el tiempo con fuerza, querían despedirse, era insoportable. Después iban a su casa (a), tomaban café, jugaban a la vida conyugal. Él (b) veía las pilas de libros, los hojeaba, le daban ganas de sentarse en el sofá negro y leer, imaginaba que imaginaba lo que leería, ahí, en el sofá, con la ventana abierta, cerrada, esperando a que él (a) llegara de cualquier sitio, imaginaba que bajaba al último círculo del infierno sin bajar, ahí, sentado, se veía descubriendo quien era Ransom, tenía un libro en sus manos, abierto por la mitad, tenga cuidado, Ransom, estoy debajo de un agujero negro. No, estoy en Perelandra.

    Dejaba el libro, esperanzado de que lo leería después. Se iría (b), el personaje se quedaría en el libro hablando con el antihombre, el sujeto cuya aparición se repetía varias veces en cada página del libro que hojeaba. Ahora se sentía peor. ¿Cuánto tiempo durarían las aventuras de Ransom y el antihombre en el libro? Ese tiempo también lo sufriría, porque no lo recorrería, jamás leería ese libro que seguro él (a) conocía bien, se notaba por lo gastado y roto que estaba, por las palabras subrayadas, no visitarían juntos Perelandra, no estarían en el sofá negro. Levantaba la vista (b), veía montones de novelas apiladas, pretendía que no le dolía, pero veía más tiempo en el papel, en las palabras impresas que descubrían momentos que él no viviría, lugares que no recorrería, no se consolaba con ir a una biblioteca, allí tendrían otros libros que seguro él (a) jamás habría leído.

    Dejaba en paz los libros, se sentaba en la cama, esperaba a que él (a) le pidiera que se pusiera cómodo, que le preguntara si ya tenía sueño. Él (a) sólo lo veía a él (b) pasear la vista, esperando que no esperara que le dijera que se acostara, queriendo que le pidiera que dejara de leer, así lo veía, desde el balcón abierto, con un enorme diccionario en las manos. Realidad, realismo, realista, realizable, se olvidaba de la Erre y lo decía:

    — ¿Tienes sueño? Podemos ver una película si aún no quieres dormir, aunque seguro ya las viste todas, podemos hacer cualquier cosa.

    —Un poco, sólo un poco.

    Entonces se acostaban, se besaban y por un tiempo dejaban de existir las palabras “por un tiempo” en el párrafo y dejaban de existir, se besaban y se acostaban, entonces…

    Despertaban, él (b) debía irse, salían del cuarto, él (a) tropezaba y se oía un crujido, se percataban de la cantidad de tazas que había en el piso, equiparable a la cantidad de libros, todas sucias, botadas por todas partes, se acordaba (b) que el sitio había sido un viejo café, sólo tuve que acondicionar el baño, los dueños dejaron la vajilla entera, es un lugar sin forma, pero me gusta estar aquí.

    Regresaba a casa (a), veía las tazas, nunca las lavaba, siempre había limpias, y se ponía a imaginar que eran las tazas de ambos, vaciadas por sus bocas, después recordaba la erre, se daba cuenta de que había una taza por día. Tomaba un libro que él (b) había hojeado antes de que lo fuera a dejar a la terminal y leía (a).

    —“Cuando abandoné la estación ferroviaria de Wonchester y emprendía la caminata de cinco kilómetros hacia la casa de campo de Ransom, pensé que posiblemente nadie en aquel andén podría adivinar la verdad sobre el hombre que iba a visitar”.

    —No podía— decía él (b), que llegaba a su ciudad, se daba cuenta de que jamás la cambiaría, se acordaba del libro azul, sentía celos de Ransom, porque estaría con él (a) en su lectura, recorriendo desde planos distintos una línea paralela mientras él tenía que aceptar la carga de palabras de la Erre. Ahora estaban más lejos, juntos sólo aquí, en este montón de letras que los separa, que los convierte en palabras (a) y líneas (b) que no entienden como funciona el tiempo.   

    Septiembre 25 – 1 Notes
    #cuentos
    #blog
    #literatura
  • Owen Pallett - Lewis Takes Off His Shirt (2010)

    (Fuente: youtube.com)

  • Captura de pantalla (ii)

    23/05/2013

  • Am I kawaii now? #kawaii #harajuku #decora #selfie #furby #kyarypamyupamyu #ponponpon #waywayway #digital #lain #pikapikafantajin

    Septiembre 16
    #kawaii
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    #harajuku
    #kyarypamyupamyu
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    #digital
    #lain
    #furby
    #pikapikafantajin
  •  図書館 (en Profetica, Casa de Lectura)

  • Captura de pantalla ( i )

    Agosto 18 – 3 Notes
    #screanshot
    #Captura de pantalla
    #kyary pamyu pamyu
    #viktor shklovsky
  • こいこいこい

  • COLA JET SET - QUIÉREME @DDM14 THE BIG STEREOPARTY SUBTERFUGE 20/06/2014

    Junio 23
    #dream playlist
  • Kyary ya está en Spotify!

    (Fuente: Spotify)

    Junio 13 – 2 Notes
    #music
    #spotify